Ayer me metí a la piscina.
Normal, así parece.
Pero en la tierra en la que vivo, normal, normal no es. Vivo en un planeta donde la belleza física es muy muy importante. Meterse a la piscina es casi un acto de valentía, de rebeldía. Es el ultimate act of self-love.
Mi hijo tiene 10 años y naturalmente tenemos muchas fiestas de cumpleaños al año. La mayoría son fiestas de piscina, algo que para los niños es completamente natural y divertido (todavía).
Para los adultos, no sé qué tanto.
A algunos no les gusta el agua de piscina, completamente entendible. Y menos con 15 niños adentro. Pero creo que, para algunos, hay algo más.
Soy la única persona, la única, que se quita la ropa y se mete al agua. Y creo que ahí radica mi valentía. Y no me había dado cuenta.
He luchado contra mi cuerpo toda mi vida. Por 40 años he sido esclava de unos estándares imposibles, que sorpresivamente he alcanzado un par de veces en mi vida: con cirugías y con dietas extremas que me han dejado sintiéndome triste, pero flaca. Porque vivimos en una sociedad que ha creado una jerarquía con los cuerpos de las mujeres: las que están muy buenas, porque han invertido mucho más tiempo, dinero y esfuerzo, o por gracia de Dios, y las otras, que son mujeres comunes y corrientes. Mujeres con cuerpos normales (?). Esto ni si quiera tiene sentido, pero no encuentro más palabras.
Quien decidió que cuerpos necesitan bajar unos kilos, crecer más la nalga, tener menos barriga, más cintura, menos celulitis, senos diferentes, piernas más firmes o cualquier otra cosa que, aparentemente, tengamos que arreglar antes de sentirnos cómodas siendo vistas?
Y esa es la crítica.
No que existan cuerpos diferentes. Los cuerpos son diferentes.
La crítica es que vivimos en una sociedad que decidió cuáles cuerpos son dignos de ser mostrados y cuáles deberían esconderse. Cuáles mujeres pueden ponerse un vestido de baño con tranquilidad y cuáles deberían sentir que primero tienen que “trabajar en sí mismas”.
Como si disfrutar de una piscina fuera un privilegio que tienes que ganarte con tu apariencia. Como si algunos cuerpos fueran cuerpos para vivir y otros fueran cuerpos en reparación. Y lo más triste es que, incluso cuando logramos acercarnos al estándar, la libertad tampoco llega. Las mujeres “perfectas” tienen que sentir una presión enorme por mantener ese estándar, y las otras, por llegar a él. Es una lucha de la que creo que pocas podemos salir.
Hola, soy Nathy y me siento un 98% libre de la presión social de tener un cuerpo perfecto. Me metí a la piscina porque mi cuerpo no tiene que cumplir ningún requisito para meterse a una piscina. y porque por fin entendí algo importante: La libertad corporal no es sentir que tu cuerpo es perfecto.
No es mirarte al espejo todos los días y amar absolutamente todo lo que ves. (créeme).
No es dejar de querer cuidarte, hacer ejercicio o cambiar cosas de tu cuerpo si así lo deseas.
La libertad corporal es que tu cuerpo deje de decidir qué tanto puedes disfrutar tu vida.
Es no perderte una fiesta porque no quieres ponerte un vestido de baño.
Es meterte a la piscina porque simplemente quieres meterte a la piscina.
Es usar la ropa que te gusta sin tener que esperar a bajar cinco kilos.
Es dejar de poner tu vida en pausa mientras persigues el cuerpo que crees que necesitas para poder vivirla.
Soy la única mujer, entre 40 invitados, que decide meterse a la piscina porque realmente quería meterme a la piscina? Como los niños. En un clima caliente, con una piscina fría y refrescante.
Y ahí entendí que tener un cuerpo “apto” para usar vestido de baño es una idea que alguien nos vendió. Porque todos los cuerpos que existen ya son aptos para vivir, disfrutar, nadar, bailar, viajar, amar y meterse a una piscina. La única pregunta realmente importante es:
¿Te estás permitiendo vivir en el cuerpo que tienes hoy?
Porque nos pasamos toda la vida persiguiendo la “sensación” de libertad. Creemos que llegará cuando reduzcamos unas medidas, bajemos unos kilos o nos crezca más la nalga. Pero la libertad de la que hablo no viene por ahí. No la encuentras en una báscula. Porque puedes llegar al cuerpo que soñaste durante años y seguir sintiendo miedo de perderlo. Puedes alcanzar el estándar y convertirte en esclava de mantenerlo. La libertad corporal no significa que la presión desaparezca.
Significa que la presión deja de tener poder sobre las decisiones que tomas y la vida que te permites vivir.
La libertad con tu cuerpo no se puede comprar.
La libertad en tu cuerpo se trabaja, de adentro hacia afuera.
Se gana cuando por fin te cansas de creer que tienes que ganarte el derecho a disfrutar tu propia vida.
Cuando decides que no vas a esperar a verte diferente para empezar a vivir.
Cuando decides mirarte con aceptación, compasión y ternura. (esta es la parte más difícil)
Y empiezas a recuperar ese espacio que cediste, sin darte cuenta, a una sociedad injusta.
Una sociedad que nos enseñó desde muy pequeñas que nuestro cuerpo sempre era un proyecto por arreglar. Que nos robó a los 10, a los 20, a los 30... Hoy tengo 40 y yo me cansé. Me cansé de no poder meterme a la piscina cuando quiero. De no ponerme lo que quiero. De pensar que tengo que verme de una determinada manera para sentirme tranquila en mi propia piel.
Qué lástima que me tomó 40 años.
Pero no nos tiene que tomar 90.
Te ayudo. :)
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