Monday, June 1, 2026

Las emociones son como olas.

Las emociones son como olas.

Nacen, crecen, alcanzan un punto máximo y, finalmente, disminuyen. Ninguna ola permanece en la orilla para siempre, y ninguna emoción está diseñada para durar eternamente.

El problema no suele ser la ola, sino nuestra relación con ella.


A veces intentamos detenerla y construimos muros para que no llegue, (mecanismos protectores). Otras veces nos asustamos y creemos que nos va a arrastrar para siempre. También podemos quedar atrapados analizándola, preguntándonos por qué está ahí en lugar de simplemente sentirla.

Pero las emociones tienen una sabiduría propia: cuando les damos espacio, se mueven.

La tristeza llega como una ola para ayudarnos a procesar una pérdida. El miedo aparece para alertarnos de algo importante. El enojo surge para mostrarnos que un límite ha sido cruzado. La alegría nos invita a conectar.


Cuando una emoción aparece, puedes imaginarte de pie en la orilla observando el mar. No necesitas detener la ola ni convertirte en ella. Solo puedes decir:


"Aquí viene una ola de tristeza."
"Aquí viene una ola de miedo."
"Aquí viene una ola de enojo."

La observas, la sientes atravesar tu cuerpo y confías en que, igual que llegó, también pasará.

Porque tú no eres la ola, tu eres el océano. 


Aquí te dejo una práctica sencilla:

Cierra los ojos por un momento y pregúntate:

"Si no intentara cambiar lo que siento durante los próximos 60 segundos, ¿qué sucedería?"

Luego respira y repite:

"No necesito resolver esta emoción ahora mismo. Puedo simplemente sentirla."


Te ayudo, 

Nathy.